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CAPITULO 1

Noche Oscura

Hay periodos de nuestra vida donde solemos gozar de felicidad y bendición, las cosas parecen funcionar bien, me va bien en el trabajo, en la universidad o en el colegio, tengo plena comunión con Dios y armonía con mi familia espiritual, despierto cada día con una sonrisa, canto alabanzas de camino al hogar y de vez en cuando me detengo a oír el cantar de las aves o admirar la naturaleza.

Pero de un momento a otro todo empieza a cambiar, la luz de mi corazón comienza a menguar, ya no sonrío como antes, ya no alabo como antes, el dolor ha entrado a mí vida sin tocar la puerta y me he topado cara a cara con el sufrimiento, la noche oscura ha invadido mi alma, es ahí cuando comienzan a nacer aquellas lágrimas que caen entre las almohadas, comienza a nacer el llanto del alma y la sonrisa forzada cuando mis amigos sonríen y se divierten, y mi corazón, mi corazón está quebrantado.

La depresión es un problema humano frecuente en diversas culturas, de hecho, es el motivo de consulta más frecuente en la práctica clínica de la psicología. La depresión se caracteriza por una tristeza profunda y persistente en el tiempo, y es importante destacar que la depresión no son aquellos momentos donde nos sentimos tristes por algunos minutos u horas, sino que es una tristeza profunda en el alma que se mantiene a lo largo de los meses, e incluso años, afectando mi día a día.

Para comprender por qué tenemos que enfrentar la depresión debemos remontarnos al Génesis, las Escrituras nos muestran que Dios, con el poder de Su palabra, creó a todo el universo, a toda la naturaleza, a todas las criaturas del mar y la tierra, y de una manera especial, creó al hombre a su imagen conforme a su semejanza, y siempre que Dios culminaba Su creación decía de ella que era buena.

En Edén, no había espacio para el sufrimiento, pues se disfrutaba de la plena presencia de Dios, vivían una vida de gozo y nada les faltaba, pero debido a la caída de Adán y Eva, al escuchar las palabras del engañador, es que la muerte entró al mundo, y no solo la muerte, con ello entró todo lo malo que nos afecta, las mentiras, el hambre, las enfermedades, y por supuesto, también la aflicción, el sufrimiento y la depresión.

Una de las causas más frecuentes de la depresión son el aumento de experiencias aversivas en la vida de la persona.Quizás en alguna ocasión has experimentado el sufrimiento al escuchar que aquella persona que amas o aprecias, ya no estará más junto a ti, o has tenido escuchar aquellas palabras tan doloras cuando gozabas de buena estabilidad “¡Estás despedido!” Te dicen, o quizás también has escuchado, “lamento infórmale que usted tiene una enfermedad crónica de la cuál es casi imposible sanar” ¡Oh Señor, que dolor al alma es escuchar esas palabras, cuán abatido se siente mi espíritu cuando resuenan en mí mente!

Desde las Escrituras, la depresión puede ser consecuencia directa de pecar contra Dios, como lo es en el caso de David, quien al caer en pecado cayó en un estado profundo de tristeza, por esa razón clama al SEÑOR diciendo: “Hazme oír gozo y alegría” (Sal. 51:8) y también: “Vuélveme el gozo de Tú salvación” (Sal. 51:12). De la misma manera, cuando pecamos de manera constante, cuando pecamos gravemente contra Dios o vamos en contra de Su voluntad, podemos caer en una profunda depresión debido a ello.

La tristeza constante y profunda que viene del pecar es quizás una de las peores emociones que puede sentir el cristiano, pues al pecar se pierde la comunión con Dios, por lo que no solo se siente pena, también se siente ese terrible vacío en el alma, esa sensación soledad, de que Dios te ha dejado solo, esa sensación de que la llama del Espíritu ya no arde como antes ¡Oh cuán triste y abatida se siente el alma cuando se peca contra Dios!

Por otro lado, no digo que la depresión sea causada por espíritus malignos que invaden mi mente y mis emociones, al menos no en los Hijos de Dios, porque confío plenamente en que el Santo Espíritu de Dios mora en nosotros, la Palabra de Dios es clara, somos templos de Espíritu Santo (1 Co. 6:19). Las Escrituras también nos dicen que no habitan conjuntamente la luz y las tinieblas, por lo tanto, no pueden habitar en nuestro interior demonios y el Espíritu Santo al mismo instante, pues los demonios no soportan ni el poder ni la Santidad del Espíritu Santo, al momento de sentir Su presencia ¡Huyen!

Pero si nos pusiéramos en tal caso, tendríamos que creer que aquellos demonios tienen el poder para cambiar nuestras emociones y nuestros pensamientos, forzadamente y en contra de nuestra voluntad. Pero si mora en nosotros el Espíritu Santo ¿Cómo es posible que entren demonios en nuestro interior y cambien nuestros estados emocionales y nuestros pensamientos? La verdad es que no pueden, pues contamos con el resguardo del Espíritu Santo, hemos sido sellados con el Espíritu Santo que es las arras de nuestra herencia hasta el día de nuestra redención (Ef. 1:13-14), esa es una promesa ¡Confía en ella!


La manera en que nos afecta la depresión se ve reflejada en varias áreas de nuestra vida, cuando estamos depresivos nuestro comportamiento cambia al punto en que ya no disfrutamos las actividades que antes disfrutábamos, a veces ni siquiera siento ganas de ir al Templo y el realizar tan solo las tareas cotidianas ya es un gran desafío para mí, no quiero saber nada de nadie, y me encierro en aquella pieza, a solas, a oscuras y en mis oídos sonando aquella música triste.

Mi cuerpo ya no tiene la misma energía de antes, me siento fatigado y levantarme de la cama no pasa por mis pensamientos, a veces tengo mucho sueño o a veces ni duermo de la pena, o a veces tengo demasiada hambre y comer me da un poco de consuelo, o a veces ni siquiera quiero sentarme a la mesa a cenar.

En el plano emocional me siento triste, sin esperanza alguna, solo, sin palabras o ruidos se escuchan a través de la puerta de la habitación se desata mi enojo, me siento culpable, siento que todo lo que pasó es mí culpa, me siento inútil, sí, me siento inútil, no sirvo para nada. Mi manera de pensar cambia, veo el futuro sin esperanza, veo al mundo como un lugar terrible donde vivir, un mundo de tanto dolor y sufrimiento, no hay nada bueno en él, y todo lo que veo en mí es negativo, no hay nada positivo en mí vida.

Lamentablemente, todos, en algún momento de nuestras vidas, seremos sorprendidos por el sufrimiento, ya sea por alguna situación de la vida, o por culpa nuestra al pecar contra Dios, pero en medio de la noche oscura tenemos una luz de esperanza, por ello, te invito a no perderte el siguiente capítulo. El Señor tenga misericordia de nosotros y sane nuestros corazones heridos. Solo a Dios sea la Gloria.



JIUMP - Cimientos


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