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Herramientas para la interpretación bíblica

Probablemente nos vemos enfrentados a una de las edades más complejas de la vida. La juventud es una etapa que está llena de decisiones importantes por tomar; y muchas de ellas afectarán el curso de los próximos años de nuestra vida. Así como también empezamos a experimentar deseos, miedos, problemas, y un sinfín de muchas cosas a las que cuando éramos niños, no nos vimos enfrentados. Pero la realidad, es que aún cuando queramos arrancar de esos acontecimientos, o en muchos casos entregarnos de lleno a ellos (cuando esto nos lleva a disfrutar algo que deseamos), el principio es el mismo; tendremos que hacerlo nos guste o no, pero la decisión es tuya: ¿Lo enfrentarás a tu manera o a la manera de Dios?


La importancia de estudiar la palabra.

El estudio de la palabra no es un ejercicio que hacemos solo cuando en el cotidiano de una iglesia nos toca la responsabilidad de entregar un mensaje, sino para cada día de nuestra vida. Y es que la Biblia es la expresión escrita de la sabiduría de Dios, y Él inspirando al autor de Josué nos dice lo siguiente: “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditaras en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito” (Jos. 1: 8 RV60). Por lo tanto, la razón más importante por la cual debemos leer la palabra es por obediencia a Dios. Y es que, mientras yo no entienda lo que Dios desea de mi como su hijo, no podré vivir una vida como a Él le agrada, y mucho peor, no podré vivir una vida comportándome como lo haría un hijo suyo y reflejando la imagen de Cristo que Él puso en mí (y disculpando la expresión, mucho menos puedo pensar en cómo enseñar a otros a vivir esa vida).


La palabra es muy clara en lo que a la vida cristiana se refiere. Y es que no toma como una muestra de amor el que nosotros digamos creer en Él (Mat. 7: 21), sino dice que “El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él” (Jn. 14: 23 RV60). Entonces, si realmente le amamos (lo cual es un mandamiento del Señor, Leer Deut. 11: 1), no tenemos otra opción.


Guardar la palabra tiene muchas implicancias. Una de ellas, es que nos ayuda a estar preparados para actuar como Cristo lo haría cuando nos veamos enfrentados a diferentes situaciones. El salmista lo dice de esta manera “En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti” (Sal. 119: 11 RV60). Y es este concepto el que nos ayuda a no adaptarnos a este siglo, porque al estudiar la palabra nuestra mente es renovada, y a través del estudio podemos verificar si estamos o no caminando como Dios quiere que lo hagamos; en su voluntad y siendo santificados cada vez más en el camino (Rom. 12: 2).


La obediencia a la voluntad de Dios se hace difícil cuando no le amamos, pero solo podemos amarlo si le conocemos. Entender esto es vital, porque solo podremos empezar a obedecer de una manera natural cuando le amamos y estamos siendo transformados por medio de Su palabra. Por lo que, la pregunta aquí es: Si no leo la palabra, y no conozco la voluntad de Dios, ¿De quién es la voluntad que estoy siguiendo?


La respuesta más probable, es que lo estemos haciendo todo a nuestra manera; siguiendo nuestra propia voluntad y deseos. Y de ser así, entonces no estamos listos para tomar decisiones. La palabra nos da la madurez espiritual y emocional para conducirnos en esta tierra. A través de ella podemos discernir el bien y el mal, no tomando en cuenta mis pensamientos o intenciones, sino lo que Dios estimó conveniente para mí. Mientras más nos ejercitamos en esta disciplina, somos más receptivos a la guía del Espíritu Santo, y deseamos cada vez más el alimento, de manera que vamos creciendo cada vez más. Si esto no ocurre, entonces aún somos considerados niños, y la toma de decisiones es algo que aún nos queda grande (Heb. 5: 12 – 14). Porque finalmente, el Espíritu Santo por medio de la palabra nos deja “enteramente preparados para toda buena obra” (2 Tim. 3: 16 – 17 RV60), lo cuál por medio de este verso, vemos que no es una opción para el creyente, sino una exigencia.


Es por esto joven, que la conclusión es simple. Si no leo la palabra, no puedo entenderla bien. Al no entenderla bien, tampoco puedo interpretarla. Como no puedo interpretarla, no puedo aplicarla. Y si no aplicó la palabra, no hay transformación mediante el Espíritu Santo. Y como lo diría Santiago “y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado” (Sant. 4: 17 RV60)


Herramientas para el estudio bíblico.

Dicho todo lo anterior, es que ya tenemos en claro que estudiar la biblia no es llenar nuestra mente de conocimiento, ni descubrir algo impresionante o nunca encontrado para entregar a otro. Sino descubrir lo que el autor dijo (Dios), para que lo dijo, y por qué lo dijo.


A continuación, dejaré un par de herramientas de estudio, las cuales espero en el Señor puedan edificar tu vida y llevarte a conocerlo de mejor manera, para que puedas vivir una vida reflejándole en todo cuanto hagas. Y más abajo, también encontrarás un sencillo método de estudio, que puede servir como una guía para hacer un devocional.


Oración

El paso uno es la base y lo más importante a la hora de estudiar la palabra. Sabemos que el hombre carnal (nosotros) no puede percibir las cosas que son espirituales (1 Co. 2: 14), y es por esta razón que debemos pedir a Dios que abra nuestro entendimiento para comprender lo que Él quiere decirnos.


Interrogar el texto.

Este segundo paso, es uno de los que más nos va a ayudar a la hora de estudiar. Debemos leer TODO el pasaje y luego, con un cuaderno y un lápiz anotaremos cosas importantes que ocurren aquí. Por ejemplo: ¿Quién fue originalmente el receptor de esta palabra?, ¿Qué llevó al receptor a ser exhortado de esa manera?, ¿Por qué era necesario que el receptor atendiera el mensaje?, ¿Qué podía ocurrir si el receptor no consideraba la exhortación?, ¿Cuál es el contexto histórico en el que se desarrolla el pasaje?, ¿Qué género literario es el pasaje que estoy leyendo? (Histórico, poético, libro de sabiduría, profético, etc.), ¿Cómo respondió Dios a lo que estaba ocurriendo?, etc.

En este punto, mientras más veces leas el pasaje, más preguntas surgirán y podrás entender cada vez un poco más de que trata el texto, y a que te está desafiando el Señor a través de él.


Conectar con el resto de la biblia.

Hacernos todas las preguntas de antes (y todas las que se te puedan ocurrir), nos ayudan a conectar con otros pasajes de la escritura. Y eso es fundamental a la hora de estudiar, puesto que una de las grandes reglas de interpretación nos dicen que la biblia se interpreta a sí misma, y también que la biblia no puede contradecirse. Es por esto por lo que una vez que entendemos: La audiencia del pasaje, su contexto histórico, el objetivo del libro, etc. Es necesario que conectemos todo lo que aprendimos a la luz de la Biblia completa. El libro Santo tiene un solo personaje principal, y este es Dios. Y a través de la palabra Él nos muestra el plan de redención, y es nuestra misión ver como lo que estamos estudiando va en armonía con ese plan. Es por eso por lo que, una cosa que nos va a ayudar a encontrar esa dirección es aplicar el filtro de Cristo a ese pasaje. Este filtro nos desafía a encontrar a Jesús en medio de la historia. Muchas veces no está de manera directa, pero si está a la sombra de Él, y de lo que Él hará por la humanidad. Un ejemplo de eso puede ser leer Éxodo 12: 1 – 36, ver como la plaga de muerte pasó por en medio del pueblo y no tocó las casas que estaban marcadas con la sangre del cordero. Esa sangre era el resultado del sacrificio que la familia habitante de aquella casa había hecho, y la marca simbolizaba que eran propiedad de Dios. Sabemos que si hubo muerte en las casas que no estaban marcadas, y esto no es más que una sombra de lo que Cristo hizo cuando murió en la cruz. Su sangre hoy está sobre nosotros, estamos marcados por ella como su propiedad, y la muerte no tocará nuestra puerta ni llegará a nosotros.


Comparar traducciones bíblicas.

Biblias como la Reina Valera 1960, pertenecen a una línea de traducción literal. Esto quiere decir que intenta ser lo más fiel posible a los escritos originales, los cuales sabemos que fueron escritos en hebreo, griego y arameo; idiomas que muchas veces no comparten nuestra misma gramática o vocabulario. Eso hace que dentro de un pasaje existan palabras, expresiones que no conocemos o que no existen en nuestro lenguaje. Es por eso, que un buen recurso es comparar lo que aprendimos con una traducción dinámica como la Nueva Versión Internacional. Este tipo de traducciones contienen expresiones y palabras mucho más conocidas para nuestro lenguaje o cotidianidad. Ya que buscan, sacrifican un poco la literalidad del texto, para darle un sentido más claro al pasaje a la hora de leer.


Es importante que herramientas como esta, o como la que mencionaré a continuación, puedan dejarse para el final. De modo que sean para ti un recurso que pueda ayudarte a comprobar si las conclusiones a las que llegaste guiado por el Señor fueron correctas y no a llenarte del conocimiento de otro sin hacer esfuerzo de estudiar.


Comentarios bíblicos.

Sabemos que La Escritura no es de interpretación privada (2 Pe. 1: 20), eso quiere decir que, si en medio del estudio llegamos a alguna conclusión, y nadie antes que nosotros en toda la historia de la iglesia concluyó lo mismo, podríamos estar interpretando mal. Por eso, una vez que ya hayamos hecho nuestro estudio, es saludable comparar nuestras conclusiones con hermanos ancianos o pastores de confianza, para verificar si nuestro trabajo fue acertado. En internet tenemos muchos recursos disponibles de este tipo, o también podemos comprarlos para tenerlos en físico. Algunos de los autores disponibles en internet y que Dios ha usado para bendecir a la iglesia son: Matthew Henry, William MacDonald, Jamieson-Fausset-Brown, entre otros.


Compartir lo aprendido con otros.

En la línea del verso anterior (2 Pe. 1: 20), es importante disponernos como un instrumento en manos de Dios para que lo aprendido salga de lo privado y podamos dar a otros lo que recibimos por gracia. Esto no está llevado simplemente al punto de compartirlo en el altar de una iglesia, sino va más bien en la línea de obedecer la gran comisión dada a nosotros por medio de Cristo (Mar. 16: 15; Mat. 28: 19). Al Señor le plació que los pecadores le conozcan y se salven por medio de la predicación de la palabra (1Co. 1: 21), y esa es una responsabilidad que cae sobre cada creyente. Por lo tanto, si intentaste por medio de la intercesión del Espíritu Santo ser lo más fiel a lo que el texto quería expresar, y Él te permitió llegar a buenas conclusiones; confía en que el mismo te recordará lo estudiado y pondrá palabra en tu boca para bendecir a otros (Jn. 14: 26; Jer. 1: 9)



Método Espada (Una guía para el estudio devocional)

Lo primero a considerar antes de usar este método, es elegir lo que quiero estudiar. Tengo varias opciones; puede ser: Un personaje bíblico, Un tema en particular, un libro completo, una parábola, etc. Una vez elegido el pasaje, la aplicación cuenta de tres partes.


Punta: Cuando nosotros tomamos una espada, su punta siempre está apuntando hacia arriba. Por eso cuando estemos estudiando lo primero que debo preguntarme es: ¿Qué me enseña este pasaje sobre Dios?, aquí te invito a encontrar Sus atributos escondidos en el texto, y Su carácter.


Guarda: Este siguiente elemento visible de la espada, está apuntando hacia los lados. Por lo que cuando estemos estudiando debemos preguntarnos: ¿Qué aprendo del corazón de la humanidad en este pasaje?, por lo que te invito a responder esa pregunta, o bien como a través de la palabra somos desafiados, para por medio del evangelio ayudar a otros.


Empuñadura: Esta parte de la espada es el final, y está apuntando hacia quién la tiene en la mano. Por eso te invito aquí a humillarte ante Dios, y ver qué es lo que a través del pasaje te está desafiando, o te está invitando a abandonar.


La biblia es el alimento más sólido que tenemos. Es viva y eficaz (Heb. 4: 12), nos da aliento de vida y transforma nuestro corazón cuando la estudiamos y nos dejamos influenciar por ella. Por lo tanto, la mayor gloria que podríamos tener en esta tierra no es nuestra profesión, nuestro pasatiempo, ni siquiera nuestro servicio en la iglesia, sino conocerle, e invertir todo nuestro esfuerzo en parecernos más a Él.


Dios te bendiga, y deseo que esta serie haya sido de bendición para ti.



Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú has enviado.”

(Juan 17: 3 NVI)

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