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La presencia de Jesucristo, el valioso regalo de la Navidad

Durante esta época del año, tenemos que darnos cuenta de una realidad. La razón por la que celebramos la Navidad, es una persona perfecta en todos los sentidos, cuyo nombre es Jesucristo, quién merece la admiración y reconocimiento de todos nosotros. Por lo que, nuestro interés y deseo, en esta época o instancia del año debe o debería ser recordar y honrar la manifestación de su Nacimiento Humano acá en la tierra, más que obsequiar regalos a las personas que nos rodean, nuestra prioridad debe ser, exaltar a Dios por la gracia manifestada hacia nosotros en su Nacimiento en la persona de Jesucristo. De tal forma que, considerando esta verdad o principio, podamos correctamente ser de bendición a otros durante estos días. Puesto que Jesús vino a bendecirnos con su presencia Humana hasta el día de hoy, ya que su vida y obra perdura por la eternidad en nuestro medio.


Es hace más de 2000 años, que el amor de Dios bajó del cielo a la tierra y el mundo fue bendecido con un milagro de amor. Fue una estrella guía y un coro de ángeles regocijados del cielo, que apuntaban a un pequeño bebé en un pesebre, que nacía para ser el Salvador de los pecadores, trayendo paz a la tierra. “Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!” Lc. 2:13-14. Jesús es su nombre y es el mejor regalo de todos.


Jesús no vino a nacer a un trono, sino que vino a un pesebre, Él no vivió como un rey, sino como un sirviente. Él no eligió un reino terrenal, sino una cruz. Él no dio sólo un poco, sino que Él nos dio todo; al extremo de venir a vivir o habitar en nuestros corazones corrompidos, de forma permanente, con el objetivo de que todo nuestro ser sea hecho o transformado, conforme a su imagen perfecta. “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos”. Rom. 8:29.


Es en esta última realidad que quisiera, nos concentráramos y reflexionáramos, pues considero que es lo que hace la diferencia entre nosotros los creyentes y el mundo con respecto a la aptitud que desarrollamos al celebrar la Navidad. El hecho de que Jesucristo haya venido a nacer y a vivir de forma permanente en nuestros corazones, es lo que nos hace considerar la Navidad como una época en la que disfrutamos de Cristo y sus bondades. Esencialmente, la gracia inmerecida de conocer su persona, sus reacciones, sus actitudes, sus pensamientos, sus atributos y sus decisiones manifestadas en la vida nuestra.


Es hermoso ver como Cristo vive en nosotros a través de su carácter, como también considerar que esta realidad es el valioso regalo de la Navidad. Pues nada seríamos sin Jesucristo y no podríamos mantenernos en pie sin su persona habitando en nuestros corazones. Ha sido su persona llena de misericordia y gracia que nos ha dado vida en nuestro interior a través de sus palabras, a través de la fe y confianza en su obra redentora, y por las cual hoy continúa santificando nuestras vidas, reflejándose en nuestro ser.


Por lo tanto, mis hermanos, pienso que es sumamente importante que cada día valoremos la manifestación humana del nacimiento de Cristo, pero también debemos valorar, amar y exaltar el Nacimiento de Cristo en nuestros corazones. Es el don o regalo más provechoso y magnífico que hemos podido recibir. La presencia del Dios Trino habitando, manifestándose y proyectándose en nuestros corazones. Dios en Cristo por medio de su Espíritu es nuestro mayor y mejor regalo. Poder tener su presencia y persona en nuestro corazón no se compara a ningún obsequió que nos puedan brindar en esta tierra. Por lo tanto, somos privilegiados los cristianos al recordar y conmemorar la Navidad, ya que para nosotros tiene un sentido mucho más profundo que el sentido que le entrega este mundo a esta celebración. Cristo Jesús es nuestra bendición, nuestro gozo, nuestra alegría y nuestra vida. “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado”. Juan 17:3. Teniendo su persona en y con nosotros hemos sido enriquecidos y por esta razón le celebramos en estas instancias, como también durante toda la vida.


Para concluir, solamente quisiera que la reflexión que hemos hecho en este artículo, sea aplicada a nuestra vida cristiana, de forma tangible, cuando en nuestro diario vivir nos dediquemos a honrar a nuestro Salvador, amando y obedeciendo sus mandamientos. Por lo que debemos rendir tributo a Jesús en la época de Navidad, como también todos los días de nuestra existencia; en todo lo que decimos, pensamos y hacemos. Dado que está es o debiera ser la manera en que su nombre es exaltado, reconocido y celebrado permanentemente y de forma fiel y honesta en cada corazón que ha confiado en su persona.

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