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ARTÍCULOS

El Amor de Dios

Cuando hablamos de amor a más de alguno nos ha sacado uno que otro suspiro. Pero hoy quiero que hablemos de un amor que es muy diferente al que estamos acostumbrados, y es el amor de Dios.


A diferencia de nosotros, su amor es perfecto, infinito, inmutable, sacrificial, misericordioso y santo. Aunque humanamente quisiéramos compararnos ante su amor, no lo podríamos hacer, ya que, nosotros somos seremos finitos, egoístas e imperfectos que entregamos un amor limitado y condicionado.


En el libro de 1 Juan 4:9 dice: “En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él.”


A diario buscamos muestras de amor en los demás, aunque quizá no lo notemos o no lo queramos reconocer. Pero como personas relacionales tendemos a buscar afecto y cariño de parte de nuestra familia y amigos. Cuando no encontramos ese amor o no es recíproco nos sentimos desilusionados y hasta solos. Pero el amor de Dios no es como el nuestro.


Podemos ver que en su palabra dice que la muestra más grande de su amor fue que entregó a su hijo por nosotros. La palabra no dice que Dios cruzó una tormenta, nos trajo el ramillete más grande de flores o que nos cantó una serenata en medio de la noche. Sino que nos rescató de una deplorable situación en la cual nos encontrábamos, muertos en nuestros delitos y pecados, para darnos vida. (Juan 1:16)


Ahora bien, muchas veces se nos hace difícil comprender el amor de Dios, y debemos entender que humanamente jamás podremos comprender su amor, ya que, nuestra mente humana y nuestro pecado nos limitan en su conocimiento. Sin embargo, él se revela a nosotros a través de su palabra, y en ella podemos encontrar que el amor es uno de los atributos de Dios.


Como sabemos, los atributos de Dios son características que son parte de su carácter, de su esencia, de quien es Dios realmente. Aunque, nosotros en nuestro día a día experimentamos algunos de esos atributos, en Dios cada uno de ellos es perfecto en sí mismo.


El amor de Dios es inmutable, es decir, su amor no cambia ni deja de ser por las circunstancias que nos puedan rodear. Tampoco depende de nuestras acciones o del pecado que mora en nosotros, ya que, él no nos entrega su amor porque nos lo hayamos ganado. Su amor es Santo, no esta manchado por el egoísmo, no busca impresionar a nadie, su amor es puro y sincero. Y el amor de Dios es misericordioso, porque se conmueve ante nuestro dolor y sufre con nosotros. A raíz de este mismo amor, Dios tomando forma de hombre, a través de su hijo Jesús, vino al mundo a morir en nuestro lugar, se hizo maldito en una cruz por amor a nosotros, porque no solo nos amaba como su creación, sino que, aunque merecíamos la muerte – como consecuencia de nuestro pecado - él se dio a sí mismo en nuestro lugar para hacernos aceptos delante del trono de Dios, borrando nuestro nombre de los condenados y registrándonos con su sangre en el libro de la vida.


¿Tú darías la vida por quien te odia o te hace mal? estoy segura de que no, porque yo tampoco lo haría. Pero aquí está la gran diferencia, el amor de Dios es más alto, ancho y bajo que el nuestro. Él es Dios no nosotros, por eso solo él puede perdonarnos y rescatarnos de la muerte.


Por otro lado, humanamente tendemos a cuestionar el amor de Dios bajo algunas circunstancias. Y es que en el dolor se nos es difícil ver su amor obrando, sin embargo, debemos comprender que cada uno de sus atributos son perfectos en sí mismos. Dios no es más amor que justo, o más justo que misericordioso. Dios es eterno y perfecto en cada uno de sus atributos.


Es decir, aun en medio de las dificultades, catástrofes, problemas o pruebas Dios es amor, pero también es justo, santo y sobre todo Soberano. No debemos omitir o minimizar a Dios, porque todas las cosas – aun las más dolorosas - son parte de un plan perfecto de Dios. Y como ya lo mencioné, no olvides que él es Dios, no nosotros. (Romanos 8:28)


Como seres humanos la única forma de experimentar su amor es a través del nuevo nacimiento. El ser regenerados abre nuestros ojos y nos permite contemplar la gran misericordia y amor de Dios, y no conocemos realmente su amor hasta que recibimos su perdón.


Querido joven y señorita, si hoy te encuentras desanimado y no comprendes el amor de Dios, te quiero invitar a poder escudriñar las escrituras y conocer al Dios santo que no escatimo ni a su propio hijo por amor a ti y a mí. Somos seres limitados y sin la ayuda de Dios no podemos comprender el porqué de las cosas, pero una vez que nos rendimos ante su soberanía, nuestra alma descansa en que el Dios que todo lo conoce, orquesta cada circunstancia para su gloria y por un bien mayor.

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