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CAPITULO 3

Disciplinados en la oración

Hace un tiempo escuchaba una historia de un padre con su hijo que cada vez que este cometía algún error el padre le decía que debía hacer oraciones. No es de sospechar que, en el paso del tiempo, este niño viera que la oración a Dios fuera algo pesado, aburrido o incluso recordara los castigos de su padre.

La oración muchas veces nosotros la vemos así, ya que es una disciplina que conlleva fe y paciencia en Dios. Ya que muchas veces oramos y pareciera que no hay cambio alguno. Somos la generación de lo instantáneo y quisiéramos que Dios trabaja de la misma manera en nuestras vidas. Pero esto no ocurre así. Nuestro Dios es un alfarero que se toma su tiempo (Jeremías 18:6)

Jesús mismo nos dejó ejemplos de oración cuando estuvo en la tierra. A pesar de sus muchas actividades que tenía con los discípulos, siempre encontró tiempo para hablar con su Padre y de esa manera encontrar nuevas fuerzas para cumplir con su misión. Piensa en tu diario vivir, ¿buscamos un tiempo para orar a Dios o nuestra agenda está siempre muy ocupada? Muchas veces quisiéramos vivir vidas espirituales abundantes, pero el principal acto para animarnos a eso nos cuesta.

La oración muchas veces se convierte en una lista de “deseos” a Dios que debemos recitarle o buscamos a Dios siempre utilizando el “me”: bendiceME, guardarME, dame. Y convertimos al Dios del universo en un simple padrino mágico.

Pero Dios no desea que tu y yo le busquemos de esa manera. Él desea que podamos encontrar en la oración un lugar de descanso, por eso tenemos hermosos versículos en la palabra que nos dirán:

“echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.” 1°Pedro 5:7

¿Quién de nosotros no sufre de ansiedad por el mañana? ¿cuántos de nosotros sufre porque no podemos controlarlo y tenemos miedo de que algo ocurra y que se escape de nuestras manos? La invitación de la Palabra es que toda preocupación podamos entregarla a Dios, descansar en él y poder vivir confiados.

No quisiéramos terminar este artículo sin antes entregarte herramientas para aplicarlos en tu vida de oración. El primero de ellos y el más importantes es: Ora.

No esperes a sentir orar o tener las ganas, ya que esto no funciona así. Ora en todo tiempo, constantemente como Pablo enseño a los Tesalonicenses (1°Tesaloniceses 5:17). Hazlo con tus palabras, en humildad, en sencillez de corazón. Reconociendo que Dios es grande y soberano y que nosotros somo pequeños y frágiles en este mundo, pero que somos llamados a descansar toda nuestras vidas en él.

Si sientes que muchas veces no tienes las palabras, ora tu biblia. El libro de los salmos tiene una riqueza muy grande. Ya que fue inspirado por Dios a hombres que vivieron una gran cantidad de situaciones. Por eso, podrás encontrar salmos que muestran la alegría del escritor, el miedo, la soledad o el enfrentar grandes batallas. ¿No son muchas veces lo que nosotros sentimos? Toma un salmos y verso a verso conviértelo en tus palabras.

Te animamos que, en este día, podamos entregar todas nuestras preocupaciones a Dios y descansar en su bondad.


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