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ARTÍCULOS

¡Que nadie te menosprecie por ser joven!

A lo largo de la vida hemos aprendido que las personas son valoradas por sus logros, cargos o capacidades que los hacen especiales a los ojos de las demás personas. Esto no es necesariamente algo bueno, ya que, todos nosotros tenemos un propósito diferente y las metas no están guiadas por lo que los demás hacen, sino por los planes perfectos de Dios para nuestras vidas.


Esto no es algo nuevo, de hecho, el apóstol Pablo aconseja a Timoteo de que no se deje menospreciar por el hecho de ser joven. Porque aun a su corta edad, puede vivir de tal forma que agrade y glorifique a Dios en su forma de vivir.


“Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza.” 1 Timoteo 4:12


Nuestro ejemplo de vida es y debe ser siempre Cristo. Esto quiere decir que la motivación de nuestros corazones debe ser glorificarle a él, para que podamos ver a las demás personas como referentes en carácter y entendiendo que Dios tiene tiempos diferentes en sus propósitos.


Como jóvenes podemos tender a compararnos con los demás, creyendo que debe existir un ritmo de vida que todos debemos cumplir, pero Dios nos enseña que nuestra vida no debe estar centrada en eso, sino en nuestro carácter. Esto lo podemos ver claramente reflejado en las palabras del apóstol Pablo. Él no le dijo a Timoteo que su juventud se medía por la cantidad de logros materiales, títulos universitarios o sus relaciones personales. Sino que debía ser ejemplo en el conocimiento de la palabra de Dios y en espíritu, entendiendo que debemos buscar su guía e instrucción para nuestra vida. Es Dios quien nos corrige e instruye a través de las escrituras, buscando revelarnos a nuestras vidas y moldear nuestros corazones.


“Toda escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” 2 Timoteo 3:16-17


También es motivado a actuar con amor. El amor está dentro de los dos más grandes mandamientos en las escrituras cuando nos habla de amar a Dios por sobre todas las cosas, y a tu prójimo como a ti mismo. El amor es uno de los atributos y frutos que el Espíritu Santo nos da, y son llevan a la compasión y misericordia por los demás.


“Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primer y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” Mateo 22:37-39


Y, por otro lado, al igual que Timoteo, somos llamados a vivir en fe y pureza. Por un lado, la fe es muy importante porque la palabra dice que sin fe es imposible agradar a Dios (Hebreos 11:6), es por medio de la fe que vivimos y creemos en las obras de Cristo. Aunque recuerda, nuestra fe no es subjetiva, sino objetiva, porque no creemos en nada, sino en lo que Dios a través de su palabra nos enseña. Y la pureza, nos lleva a vivir en integridad, no dejándonos llevar por nuestras pasiones y deseos desenfrenados, los cuales solo buscan saciar nuestra carne y nos alejan de Dios. (1 Juan 3:3)


Joven y señorita, no somos llamados a vivir vidas extravagantes o con muchos bienes. No importa que tu vida no sea como la de la persona de enfrente, quizá sientas que has alcanzado las mismas metas que los demás, pero tu valor no está en eso, sino en el carácter de Cristo que día a día se forma en ti. Tu valor está en Dios, y nuestro anhelo debe ser agradarle a él y buscar ser cada día más como Cristo, amando y viviendo para su gloria.

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