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Pacificadores

A lo largo de este mes, hemos visto como el bullying se ha instalado en la sociedad como un recurso del enemigo para la destrucción emocional, física, psicológica y espiritual de muchos jóvenes y señoritas, quienes son violentados y acosados por corazones alejados de la verdad de Cristo. En este sentido, hemos comprendido como hijos del Señor que, al observar este tipo de prácticas en nuestro entorno, nuestra respuesta no puede estar condicionada por el temor y el silencio, ya que, el callar hechos de violencia, nos transforma en actores pasivos del abuso.


En este último capítulo de noviembre, nos enfocaremos en comprender y atender nuestro rol como juventud del Señor ante una sociedad tan necesitada de Cristo en sus corazones.


Para iniciar, es importante que puedas hacerte la siguiente pregunta: ¿Qué puedo hacer cuando me toque presenciar un hecho de bullying?


En primer lugar, debemos entender desde una mirada objetiva que tanto el acosador como el acosado son personas necesitadas de Cristo y por lo tanto, nuestra reacción ante un hecho de violencia debe considerar estas posiciones para resguardo y sanidad de ambas partes.


La palabra del Señor dice: “Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios” San Mateo 5:9 RVR1960


Ser pacificador según la Real Academia Española hace referencia a “personas tranquilas, sosegadas, que no provocan luchas ni discordias y que practican la paz”. Dada esta definición y en relación con lo que hemos expuesto de las escrituras, nos damos cuenta de lo felices que somos aquellos que vivimos y promovemos la paz, sin embargo, podemos ver que ser un pacificador no es una opción, sino un elemento diferenciador que debe estar presente en nuestras vidas como criaturas nacidas de nuevo (porque ellos serán llamados hijos de Dios).


“Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres.” Romanos 12:18 RVR1960


En muchas ocasiones que evidenciamos hechos de violencia, bien decíamos que la presión social puede llevarnos a guardar silencio producto del temor, otro escenario sería el identificarnos con la víctima y tomar una posición desequilibrada en calidad de defensa, lo cual arrastraría nuestro testimonio y dejaríamos de lado el rol fundamental que tenemos como hijos de Dios “ser pacificadores”.


Dado esta situación, nuestra intención debe ser invitar tanto al acosado como al acosador a que conozcan a Jesús y presentarles el evangelio como único camino de paz y amor, comprendiendo que todas nuestras cargas podemos llevarlas a Él en oración y que, no importando nuestra condición, Dios no hace acepción de personas y nos abraza con ese amor eterno con el cual nos ha amado.


“porque no hay acepción de personas para con Dios.” Romanos 2:11RVR1960


La historia de José y sus hermanos relatada en Génesis y tratada en los artículos anteriores, nos evidencia como la envidia alimentó el corazón de sus hermanos para irse en contra de él. En un escenario en donde fue humillado y luego vendido como esclavo, la cobertura de Dios jamás se alejó de José y vemos como Dios fue su refugio y auxilio en sus momentos más difíciles, permitiéndole fortalecerse en el proceso y finalmente, su corazón fue enseñado para perdonar a sus propios hermanos por los cuales fue vendido y así pudo comprender que todo estaba en el plan y propósito divino del Señor para preservación de sus vidas.


“Y les respondió José: No temáis; ¿acaso estoy yo en lugar de Dios? Vosotros pensasteis mal contra mí, más Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo.” Génesis 50:19-20


Al finalizar este artículo, queremos invitarte a no callar cuando estés frente a un hecho de bullying y denunciar el maltrato, pero también, recordarte que nuestro rol como juventud cristiana es precisamente ser luz en medio de tanta oscuridad para la sociedad. En nosotros está el poder llevar esperanza a un mundo lleno de violencia, oprimido por el enemigo y alejados de la paz de Dios.


Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo. San Juan 16:33 RVR1960


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