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ARTÍCULOS

Con brazos abiertos

(Juan 6:37)


A lo largo de nuestro caminar como jóvenes cristianos vivimos una serie de situaciones que nos hacen cuestionarnos qué tan cerca estamos de Dios. Como jóvenes y señoritas día a día nos vemos enfrentados a diferentes circunstancias donde debemos tomar decisiones difíciles. Y es normal que por inmadurez y nuestra innegable naturaleza pecaminosa, muchas veces tomamos malas decisiones y sentimos como lentamente nos alejamos de Dios. Y debo decirte que sentirnos lejos de Dios luego de pecar es normal, porque Dios no se complace del pecado que mora en nosotros. A raíz de esto, es que en más de una ocasión nos negamos a acercarnos a Dios por vergüenza o miedo a ser echados fuera. Y en vez de rendirnos ante él confesando nuestros pecados, nos apartamos y vagamos por un mar de pensamientos e ideas negativas sobre Dios.


Por eso en esta hora me gustaría que hablásemos de qué piensa Dios sobre nosotros en ocasiones como estas.


En el libro de San Juan 6:37 Dios nos dice “Todo lo que el padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera.”


Este sencillo, pero importantísimo versículo resume lo que Dios piensa de nosotros. Pues, cuando hemos sido transformados, perdonados y justificados por la sangre de Cristo, no hay nada que nos pueda apartar de su gran amor (Romanos 8:35-39). Si bien, aún seguimos pecando porque aún estamos en esta tierra viviendo en un cuerpo imperfecto, luchando día a día con nuestra naturaleza pecaminosa, sabemos que tenemos acceso al trono de la gracia para pedir auxilio y socorro a nuestro padre celestial. No, esto no quiere decir que podemos pecar deliberadamente, porque si lo hiciésemos sería una señal que el Espíritu Santo no habita en nuestro corazón. Pero si has sido alcanzado por la gracia de Dios, él no te echará fuera cuando falles, porque Dios te ha escogido desde antes de la fundación del mundo, para redimir, perdonarte y darte una nueva vida junto al padre.


Jóvenes y señoritas, comprendamos que no hemos conocido a Dios porque exista en nosotros algo de bondad que nos permitiera ver su gloria, sino que nuestras vidas estaban completamente corrompidas por el pecado, destinadas a la muerte eterna, mas Dios en su infinito amor, tuvo misericordia de nosotros, enviando a su hijo Jesucristo para darnos vida abundante junto a él.


Debemos día a día revestirnos de la armadura de Dios, a través de la oración y la palabra de Dios, para resistir las asechanzas de nuestro adversario el diablo y cada día acercarnos más a la semejanza de nuestro amado Jesús. Quien vivió una vida sin pecado, intachable ante los ojos del Padre, para entregar un sacrificio perfecto.


Si hoy pecaste y sientes que has ofendido a Dios, preséntate con confianza ante su presencia, porque si sientes pesar es porque el Espíritu Santo se ha entristecido en tu interior y debes entregar tus deseos y anhelos a Dios, dejando que él moldee, santifique y restaure cada área de tu vida acercándonos más y más a la semejanza de su hijo Jesucristo.


Dios está con brazos abiertos esperando que vuelvas a su presencia buscando restauración para tu alma.

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