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“La Justificación por la Fe”

Para comenzar con este estudio, acerca de la doctrina de la justificación por la sola fe, quisiera que nos situemos en el argumento bíblico que Dios entrega al Apóstol Pablo para mostrarnos la realidad de esta enseñanza y como ella se manifiesta en los creyentes. Por lo tanto les invito mis hermanos a que leamos en la palabra de Dios los versos 21 al 31 de Romanos capítulo 3 donde Pablo sintetiza esta hermosa y esencial doctrina del cristianismo, considerando también su argumento situado en el texto de Romanos 1:17 hasta Romanos 3:20 donde enfatiza que la Ira de Dios está sobre los seres humanos por causa de su impiedad.

21 Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; 22 la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia,23 por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios,24 siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús,25 a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados,26 con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.27 ¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe.28 Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley.29 ¿Es Dios solamente Dios de los judíos? ¿No es también Dios de los gentiles? Ciertamente, también de los gentiles.30 Porque Dios es uno, y él justificará por la fe a los de la circuncisión, y por medio de la fe a los de la incircuncisión.31 ¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley. Romanos 3: 21-31.


A continuación, les motivo mis hermanos a que revisemos en este texto de la escritura, tres sucesos fundamentales que tuvieron que acontecer para que la justicia de Dios se ejecutase correctamente en contra del pecado. Estos tres sucesos están extraídos de la palabra que hemos leído y son los siguientes:
 

  • La situación universal del hombre (Pecado y muerte espiritual)

  • Reacción de un Dios santo frente a la situación humana (La ira de Dios)

  • Jesús, el hijo de Dios siendo propicio a la ira de Dios. (Propiciación es la acción de apagar o aplacar la ira de alguien mediante una ofrenda)

También es importante que reconozcamos y valoremos al final de esta reflexión bíblica el resultado o veredicto que Dios como un juez justo determina para los que le reciben y le aceptan como su Salvador en la persona de su hijo Jesucristo.

Considerando entonces todo lo que hemos leído anteriormente, quisiera compartir con ustedes querida juventud, en mayor profundidad lo que el Apóstol Pablo menciona referente a la humanidad. Él nos comenta en el texto que hemos leído en Romanos 3 que todos los seres humanos, sin excepción alguna, han pecado y por lo tanto se encuentran alejados de Dios obteniendo finalmente la muerte espiritual por causa de su condición pecaminosa.

Sin duda es muy triste la realidad del hombre, ya que el pecado es un problema de carácter espiritual donde se encuentra en riesgo el alma, es por eso que debemos preguntarnos. En esta condición ¿Dónde pasará el hombre su eternidad?
 

Ahora bien, el problema de nosotros los seres humanos no es solamente nuestro pecado. Cuando logramos comprender contra quién hemos pecado, a quién hemos desobedecido, a quién le hemos fallado, realmente en ese instante nuestra mente tendrá claridad del serio problema en el cual estamos. ¡Le hemos fallado a Dios! Y él es Santo y si hay algo que él aborrece es el pecado. Este es nuestro mayor y gran problema: estar bajo la ira de un Dios Santo.

Ahora bien, ¿Cómo es que podemos librarnos de la ira de Dios?

Lamentablemente por nuestros medios, por nuestra conducta, por nuestra sabiduría, inteligencia, honestidad, capacidad, en definitiva por cualquier buena obra que realicemos los seres humanos, no podemos satisfacer la ira de Dios, ya que siempre seguiremos pecando de una u otra forma.

Por lo tanto, la única salida o escapatoria que tenemos es la que nos ofrece el Evangelio. La cual nos invita a recibir la misericordia y gracia de Dios revelada en Cristo su hijo, demostrada en su plenitud cuando él acude a la Cruz del Calvario para morir en nuestro lugar con el propósito de perdonar y borrar todos nuestros pecados, al punto de que al aceptar por la fe esté gran y hermoso sacrificio que Cristo hizo por amor a nosotros, seamos declarados justos delante de Dios, nuestro Padre Celestial, con quién se puede tener una hermosa comunión, igual a la que existía en un principio en el huerto de Edén. Esto es gracias a que Jesús (Dios encarnado), un ser sin pecado alguno, quiso tomar nuestro lugar siendo el único propicio delante de Dios para que su ira no recayese sobre nosotros.

En Conclusión, todos aquellos que hemos creído en el nombre de Jesús recibimos el siguiente veredicto de parte de Dios. En un tribunal expectante para saber nuestra condena.
Dios nos declara ¡Inocentes! Y de esta manera se afirma que nuestra justificación es la aceptación con que Dios nos recibe en su gracia y nos tiene por justos. Y decimos que consiste en la remisión de los pecados y en la imputación de la Justicia de Cristo en nosotros. Justificar pues, no quiere decir otra cosa, sino absolver al que estaba acusado como si se hubiera probado su inocencia.

Por lo tanto, gózate joven y señorita. Pues nosotros, que hemos sido justificados por Dios ¡Somos libres del pecado! Por medio de los méritos de Cristo, produciendo esto, una inmensa alegría en nuestros corazones, ya que pasamos a ser hijos de Dios, sin tener mérito alguno. Pues solo el sacrificio de Cristo hecho en la cruz del calvario pudo satisfacer la ira de Dios, para que ella fuera absuelta o liberada de nosotros, obteniendo ahora la sola y pura gracia de Dios por medio de la fe en Jesucristo la cual nos perdona, nos salva y nos redime de todos nuestros pecados.

Por tanto, ahora nuestra condición de vida es la de un ser Amado por Dios, pues Dios nos ha justificado por la fe en Cristo Jesús. Además, de prometernos una vida eterna en los cielos junto a Él, sencillamente porque nos ama y nos ha escogido para esta bendición, la cual prontamente se hará una realidad, pues Dios es fiel a sus promesas. Mientras esperamos confiados en el Señor el día de nuestra redención final. Disfrutemos, honremos y amemos a la persona de Cristo que habita en nuestros corazones y en nuestras familias, la cual se nos obsequió el día de nuestro nuevo nacimiento, donde el Espíritu Santo fue quién nos hizo pasar de un estado de muerte a vida espiritual en Cristo Jesús nuestro Señor. Quién merece la gloria y la honra por siempre. Amén.

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