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ARTÍCULOS

No me avergüenzo del evangelio

Hace dos meses inició un nuevo año, lleno de oportunidad y de desafíos que enfrentar. Pero existe un desafío al que todos hemos tenido que hacer frente en algún momento de nuestra vida, y con eso me refiero al año escolar y/o universidad. Muchas veces como cristianos sentimos que nos enfrentamos a una guerra espiritual donde en ocasiones nuestras creencias y fundamentos se pueden ver cuestionados ante la presión externa de los demás, y vernos tentados a callar al Espíritu Santo que mora en medio nuestro.


Por eso me gustaría hablarte del Apóstol Pablo, quien envió la carta a los romanos, en la cual menciona lo siguiente:


“Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego. Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.” Romanos 1:16-17


Cuando leemos las palabras que el Apóstol Pablo escribe a los romanos mediante la revelación de Dios, podemos ver su determinación ante la gran verdad del evangelio. Pablo no se avergüenza porque es PODER DE DIOS. El evangelio son “La buenas nuevas de salvación”. Se que lo primero que se te viene a la mente es el sacrificio que hizo nuestro Señor Jesucristo, y quiero que pienses en el significado profundo de su sacrificio.


El poder de Dios, ese gran poder es la fuerza sobrenatural que nos movió de la muerte eterna a la vida, es aquello que transformó nuestra vida de un estado de perdición en el pecado, a una de libertad bajo la poderosa mano de Dios.


Pablo experimentó este poder al pasar de perseguidor de la iglesia de Cristo a ser apóstol. Y al igual que Pablo, tú y yo, estábamos muertos en nuestros delitos y pecados, apartados de Dios, destinados a la muerte eterna. Y la justificación que Dios nos entregó a través de la vida de su hijo, es la liberación ante un peligro inminente, algo que nosotros por nuestras propias fuerzas no podríamos haber evitado. Imagina lo siguiente. Un hombre se encuentra en una casa llena de todas las cosas que siempre ha querido, no tiene necesidad. Pero hay algo que este hombre no sabe, y es que su casa se está quemando lentamente pero no puede salir de ahí por sus propias fuerzas. Esta totalmente incapacitado para librarse de aquella muerte inminente. La humanidad vive una vida “tranquila”, con altos y bajos, confiando en que “las cosas pueden mejorar”, pero tu y yo sabemos que el tiempo se acaba, y que no hay nada en este mundo que pueda salvarlos de la muerte eterna. Él único que puede apagar las llamas del pecado y rescatar sus vidas del infierno es Dios.


Jesús, el hijo de Dios, entregó su vida para reconciliarnos con el Padre. Solo su gran poder podía hacer esta obra tan perfecta en tu vida. No había ninguna capacidad en ti, que te hiciera merecedor de tanto amor y misericordia.


Así que tal como Pablo, y tantos otros hombres y mujeres a lo largo de la historia de la iglesia, busca la presencia de Dios, que él sea quien llene tu vida y proclama sobre este gran poder que es el evangelio donde quiera que estes. No guardes esta gran verdad que por misericordia llegó a tu vida. El mundo hoy se encuentra inserto en los placeres de su carne y ofende día a día el nombre de Cristo, y nuestro deber es hablar sobre el pecado que tiene esclavizado a la humanidad, sobre nuestra incapacidad de ser salvos, pero entregándoles también la gran noticia del evangelio, en Cristo encontramos salvación y vida eterna.

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