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CAPITULO 2





LA SUMISIÓN

Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo. (Efesios 5:22-24)


Amada hermana, te invito a que abordemos este tema tan importante y algunas veces confuso quizá para muchas de nosotras, como siempre tomando de punto de partida la verdad de la palabra de Dios, la cual es la única que nos permitirá obtener la respuesta de Dios que nuestro corazón necesita.

Nos enfrentamos a un pasaje que podría ser complejo para nosotras y un artículo de esta extensión sin duda no es suficiente para poder abordar una temática tan importante como lo es la sumisión bíblica y el cómo está impacta en el rol de la mujer estructurado por Dios, pero nos enfocaremos esta vez en Efesios 5, el cual nos va a permitir abordar puntos iniciales y algunas preguntas que normalmente podrían surgirnos en base a esta enseñanza, las cuales a su vez nos ayudaran a comprender de mejor forma este capítulo que de por sí contiene una de las enseñanzas más claras dedicadas directamente a la mujer.


El Contexto

En este capítulo el apóstol Pablo realiza un llamado a la iglesia a vivir vidas llenas del Espíritu Santo, llevando este llamado al hogar refiriéndose a tres tipos de relaciones: esposas y esposos, hijos y padres y esclavos y amos. Es importante recordar en una primera instancia el llamado general de la sumisión en distintos ámbitos de las relaciones, todo comienza con un “Someteos los unos a los otros en el temor de Dios” (Efesios 5:21), pero nos enfocaremos en la relación entre esposas y esposos.

Someternos implica colocarnos bajo la autoridad o liderazgo de otro y en este caso, al esposo, quien de acuerdo a la palabra es “la cabeza de la esposa” lo cual dice conexión directa con la enseñanza del apóstol Pablo sobre la relación de Cristo como cabeza de su iglesia, autoridad otorgada directamente por Dios: “y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo.” (Efesios 1:22-23). Este orden fue hecho de esta manera para beneficio de su iglesia, es una imagen de la cual Dios hoy nos permite ser parte y esa es una verdad gloriosa que nos manifiesta su palabra, donde nosotras de una manera temporal podemos reflejar una relación eterna en la cual participa nuestro glorioso salvador, ¡es una bendición! Y es por esto que constantemente se nos enseña que el matrimonio es un llamado a reflejar a Cristo a través de su relación perfecta con su amada iglesia.

Sin duda nuestro Dios es un Dios de orden y un pasaje de la carta a los Corintios nos muestra esta verdad maravillosa: “Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo.” (1 Corintios 11:3), el orden en la trinidad de Dios se refleja en el orden de las relaciones humanas que Dios estableció, donde Cristo reconoce como cabeza a su Padre, al cual obedecía en perfección. Aun cuando Cristo y Dios Padre comparten la misma naturaleza, Cristo se sometió, haciendo la completa voluntad de su Padre, asumiendo un rol diferente. Este punto es muy importante, tener roles diferentes no afecta nuestra igualdad ni nuestro valor, nuestro Dios nos lo manifiesta constantemente en la interacción perfecta de amor y gloria que mantiene Dios Padre, su hijo Jesucristo y el Santo Espíritu; lo cual es una idea que el mundo y las ideologías humanas contradicen completamente, si existe algo que hoy no está de moda, eso es la sumisión y peor aún, se busca asimilar la sumisión con la pérdida del valor que una persona puede tener. ¡Damos gracias a Dios porque tenemos la palabra de verdad y entendemos lo precioso que refleja el someternos, imitando a nuestro Salvador! Así como Dios y su Hijo se relacionan con roles diferentes, es como la mujer y el hombre y más aún dentro del contexto del matrimonio bíblico, la esposa y el esposo creados ambos a la misma imagen de Dios, se relacionan con diferentes roles, siendo en este el rol de la esposa el poder someterse (ella lograr colocarse a sí misma) bajo el liderazgo de su esposo y el rol del esposo de poder guiar a su esposa.

Tenemos un punto de partida, pero seguramente ahora podrían comenzar a surgirnos diferentes preguntas en torno a la aplicación específica de la sumisión en cada situación de nuestra vida, sin duda uno de los cuestionamientos que más podríamos oír es: “¿No es este mandamiento muy anticuado? ¿No es acaso ese mandamiento un reflejo cultural de la época solamente?” Lo precioso de esta verdad bíblica es que el apóstol Pablo no basó su argumento en las normas culturales de su tiempo, sin duda podemos ver la obra de la palabra inspirada de Dios en el apóstol pues su fundamento se remite al relato fundacional de la creación: “Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne.” (Efesios 5:31). Este modelo fue el establecido por Dios desde el principio y él desea hacerlo permanecer en el tiempo pues desde siempre buscaba reflejar la relación de Cristo y su iglesia, un modelo de complementación entre roles distintos entre la mujer y el hombre, que de por si era contrario al modelo cultural de ese tiempo donde las mujeres carecían de valor en muchos aspectos entre los diferentes pueblos y creencias existentes, un mundo donde las mujeres carecían de respeto al contrario del evangelio de Cristo donde se posiciona a la mujer como portadora igualmente de la imagen de Dios, miembro de la iglesia de Cristo, quien debe ser amada por su esposo, tratada con

dignidad y tener el honor de ser llamada hija de Dios.

Amada hermana, la visión bíblica para la mujer y su rol nunca va a depender de la cultura en la cual estamos inmersas, estamos en un mundo totalmente pecaminoso pero la verdad de la palabra de Dios permanece para siempre. Sin duda el haber nacido y habernos desarrollado en la cultura actual nos presenta grandes desafíos en torno a la sumisión, muchas preguntas más nos pueden surgir, pero puedes tener certeza de que todas tus preguntas pueden ser respondidas por la palabra de Dios, te animo a que te afiances a ella para encontrarlas. Algunas personas desean que la Biblia ofrezca reglas detalladas y específicas para todo y para todas las situaciones de la vida, pero no lo hace y Dios ha determinado que así fuera; hay mandatos específicos para los hombres, para mujeres, para jóvenes, para niños, para ancianos, pero por sobre todo, la mayoría de los mandatos son para los creyentes en general, lo cual no es coincidencia, la razón principal es que antes de enfocarnos en los mandamientos específicos para las mujeres, nos enfoquemos primera y esencialmente en conocer a Cristo, de esa manera aprenderemos a andar, conocer y vivir conforme a las escrituras, de esa manera naturalmente podremos vivir y comprender el someternos con amor, sentirnos completamente y genuinamente felices por hacerlo y plenamente convencidas de que participamos en la imagen perfecta de nuestro salvador amándonos a nosotras y a su pueblo (su iglesia) de la misma manera en que los hombres podrán bíblicamente amar a sus esposas con el amor de Cristo y en conjunto reflejando la imagen de Cristo al mundo. Damos gracias a Dios por la verdad y el descanso de que una mujer fuerte no es la que confía en sí misma y se impone sobre todo, sino la que depende y confía en Dios y su palabra.

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