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CAPITULO 2

La humanidad de Cristo

¿Nos sentimos realmente complacidos y agradecidos en como Cristo se encarnó para nuestra salvación y nuestra comprensión incluso en los momentos más oscuros de nuestra

vida? ¿Creemos de todo corazón en que Jesús realmente padeció profundamente mientras estaba en la tierra encarnado o argumentamos en nuestro corazón que su sufrimiento se encontraba suavizado por su Deidad? Muchas veces cometemos el error ya sea consciente o inconscientemente de pensar que si bien Cristo vino a este mundo a morir por nosotros los pecadores, su labor fue simplificada o no sufrió la tentación del pecado como nosotros lo sufrimos, dada su naturaleza divina la cual a su vez convivía con su naturaleza humana; pero este es un error más profundo de lo que podríamos imaginar, pues nos da una falsa imagen de lo que fue realmente la obra de Cristo en la tierra y podríamos llegar a menospreciar el sacrificio más grande de la humanidad.


Es por eso que te invito a que podamos examinar las verdades bíblicas que nos enseña la

palabra de Dios acerca de la humanidad de Cristo y su relevancia en uno de los sucesos

más importantes de la humanidad: la Pasión y crucifixión de Cristo.


Un pasaje bíblico que nos puede ayudar es hebreos 5:7 “Y Cristo, en los días de su carne,

ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente.” ¿Por qué el padre escuchó las oraciones de Jesucristo? Nuestra respuesta sería normalmente que él era su hijo amado: “¿Cómo no lo iba a escuchar?”, podríamos pensar. Pero lo que el texto dice explícitamente es que no lo escuchó por ser su hijo amado, sino que lo escuchó por su temor reverente y su vida piadosa, sin duda Jesús siempre ha tenido el favor de Dios, pero el punto de este pasaje es

que el merecía el amor de Dios por su obediencia perfecta, por vivir perfectamente a pesar de las dificultades de la vida humana. Esto debe animarnos porque nos muestra que, a la diestra del Dios Padre, esta Cristo quien fue un hombre que supo cómo vencer el pecado y la tentación humana, cualquier situación que nos haga sentir que estamos pasando por una situación muy difícil, Cristo lo sabe, él lo vivió y sabe cómo ayudarnos, pues él lo logró con éxito.


El libro de hebreos en su capítulo 4 :14-16 nos muestra una verdad gloriosa: “Por tanto,

teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión.Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro. Es decir que por el hecho que padeció, le hace un poderoso salvador e intercesor. A veces cometemos el error de deificar la humanidad de Cristo diciendo o pensando frases como: “Jesús fue tentado, pero él fue Dios, yo estoy contaminado por el pecado, pero él no tenía ese problema, seguramente fue fácil para él”. ¿Pero qué nos dice la palabra? Nos dice que Jesús padeció, que él sufrió, lo tentaron según nuestra semejanza, lloró, sudó, padeció y luego venció. El único quien entiende la verdadera fuerza de la tentación es quien la venció, sin duda el único fue Cristo. La razón explícita que nos da el texto de hebreos capítulo 4 es que además de morir por nosotros fue para comprendernos, para llegar a ser un poderoso socorro, para poder auxiliarnos, para poder ser misericordioso y fiel sumo sacerdote para socorrer a los que son tentados, por eso nos invita a acercarnos confiadamente al trono de la gracia.


Ahora bien, recordemos el pasaje de Isaías 53: 4-7, un pasaje que nos describe con detalles realmente profundos lo que iba a ocurrir cuando el suceso de la muerte de nuestro Salvador ocurriera: “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; más Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.”


¡Sin duda leer este pasaje conmueve profundamente el corazón y nos hace reconocer nuevamente cuán digno de agradecimiento y gloria es nuestro Cristo! Sufriendo de una manera totalmente cruel a mano de los hombres, siendo el mismo Dios y hombre, sintiendo el dolor físico y la angustia en su interior como cualquiera de nosotros, cargando nuestro propio peso de pecado y agonía, para que hoy nosotros podamos realmente descansar en él. Sin duda es glorioso, el cómo no solamente nos entiende a la perfección, sino que ahora a través de Cristo mismo tenemos la solución al sufrimiento del pecado que nos aflige, la salvación de nuestra alma.


Jesús nos comprende más de lo que nos entendemos a nosotros mismos; si meditamos en

la Pasión de Cristo en el huerto de Getsemaní, cubierto de gotas sangre, sufriendo por el gran y tremendo peso de la tentación de entender el suceso terrible que se acercaba, Jesús clama al Padre: “pasa de mí esta copa”; pero finalmente obedece, por eso cuando seamos tentados, cuando suframos, vayamos a Cristo quien incluso estando en la cruz, padeciendo sed, habiendo sufrido el dolor físico tremendo por haber sido torturado y clavado en una cruz, incluso así clamaba a su Padre y rogaba por su prójimo pidiendo el perdón para ellos y sus necesidades. Nunca cometamos el error de pensar que Cristo no podría entender la situación por la que atravesamos, por más difícil que se vea, pues de esta manera despreciaríamos su sangre, su sufrimiento y su muerte, una muerte que no fue aliviada en ningún sentido por su naturaleza divina, pues Cristo al encarnarse vivió en plenitud su naturaleza humana como divina, mientras era incluso aún un bebé y tenía que aprender muchas cosas como cualquier ser humano en crecimiento, seguía sustentando el mundo por el poder de su palabra, es un misterio sumamente maravilloso que nos guía una vez más a adorar a Cristo, quien se despojó de gloria, para ser en quien nos refugiemos en el sufrimiento y el Salvador de nuestras almas.

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