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ARTÍCULOS

Advertencia en contra de la discriminación

Molestar a un amigo por su color de piel, por cuánto dinero tiene, contextura física o cualquier otro factor discriminante que nos pueda parecer gracioso es parte de las herramientas de chistes de muchos. Pero como cristianos ¿podemos discriminar o molestar a alguien simplemente porque nos parece chistoso? ¿Qué nos enseña la palabra de Dios sobre el valor de las personas, sobre el concepto de discriminación y los límites que debemos tener en nuestro trato con otros?


Dijimos en el artículo anterior que la discriminación en la mayoría de los contextos es un término negativo que se refiere a la práctica de tratar injustamente a una persona o grupo de personas de manera diferente específicamente despectiva. La discriminación puede verse reflejada en la discapacidad, raza, etnia, inteligencia o cualquier otro factor que haga distintos a otros seres humanos (1)


Ahora lo interesante es que hemos crecido escuchando que no debemos discriminar. Lo hemos escuchado en nuestras casas, iglesias, colegios, pero ¿hemos dedicado tiempo a considerar el porqué está mal? ¿Dios discrimina o es imparcial?


Dios no muestra favoritismo por ninguna persona (Deuteronomio 10:17; Romanos 2:11; Efesios 6:9). El mismo Apóstol Pedro se da cuenta que Dios no hace acepción de personas, sino que él se agrada de los que hacen su voluntad.


Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia.

Hechos 10:34-35 rv60


En la biblia nos encontraremos muchas situaciones en las que podemos pensar en que “Dios segrega, Dios discrimina” pero cada texto y cada situación interpretada en su contexto correspondiente nos llevará a comprender el amor compasivo de Dios.


En el Antiguo Testamento, Dios dividió a la humanidad en dos grupos “raciales”: los judíos y los gentiles. La intención de Dios fue que los judíos fueran un reino de sacerdotes, ministrando a las naciones gentiles. En vez de eso, en su mayoría, los judíos se volvieron orgullosos de su posición y despreciaban a los gentiles. Jesucristo puso fin a esto, destruyendo el muro divisorio de hostilidad (Efesios 2:14). Todas las formas de racismo, prejuicio y discriminación son contrarias a la obra de Cristo en la cruz. (2)


La esencia del Reino de Dios es el amor de Cristo, en donde se nos ordena a amarnos como Cristo nos ha amado a nosotros.


Este mandamiento nuevo les doy: que se amen los unos a los otros. Así como yo los he amado, también ustedes deben amarse los unos a los otros.

Juan: 13:34 NVI


¿Cuáles son los límites de la discriminación? ¿Cuál es el pecado que se comete al discriminar? La palabra de Dios en Santiago nos enseña de manera clara y precisa respecto a esto con ejemplos simples y prácticos.


Por ejemplo, supongamos que alguien llega a su reunión vestido con ropa elegante y joyas costosas y al mismo tiempo entra una persona pobre y con ropa sucia. Si ustedes le dan un trato preferencial a la persona rica y le dan un buen asiento, pero al pobre le dicen: «Tú puedes quedarte de pie allá o bien sentarte en el piso», ¿acaso esta discriminación no demuestra que sus juicios son guiados por malas intenciones?

Santiago 2:2-4 NTV


Pero si ustedes discriminan a los demás, están pecando y son culpables de violar esa ley. Pues si ustedes cumplen toda la ley de Dios, pero la desobedecen en un solo punto, son culpables de desobedecer toda la ley.

Santiago 2:9-10 DHH


Vemos respuestas claras a las dos interrogantes planteadas. No podemos discriminar. No hay límites, el favoritismo es malo, puesto que pecamos pues hemos quebrantado la ley de Dios.


Debemos examinar nuestros corazones frente a cada acto discriminatorio que podamos haber cometido, pues hemos infringido la ley de Dios, y debemos cuidar nuestros corazones ya que discriminar pone en duda cuán cierta y firme es nuestra fe. ¿Podemos decir que nuestra fe es sincera si somos personas discriminadoras? La respuesta es no.


Amados hermanos, ¿de qué le sirve a uno decir que tiene fe si no lo demuestra con sus acciones? ¿Puede esa clase de fe salvar a alguien?

Santiago 2:14 NTV


Como pueden ver, la fe por sí sola no es suficiente. A menos que produzca buenas acciones, está muerta y es inútil. Ahora bien, alguien podría argumentar: «Algunas personas tienen fe; otras, buenas acciones». Pero yo les digo: «¿Cómo me mostrarás tu fe si no haces buenas acciones? Yo les mostraré mi fe con mis buenas acciones».

Santiago 2:17-18 NTV


La palabra de Dios nos demanda que, si decimos ser cristianos, nuestra fe sea demostrada con nuestro testimonio, que nuestras acciones sean buenas. Como dice el versículo, yo mostraré que soy cristiano con mi buen actuar. Y si somos personas que discriminamos, nos traerá consecuencia delante del Señor.


Pues los que no han tenido compasión de otros, sin compasión serán también juzgados, pero los que han tenido compasión saldrán victoriosos en la hora del juicio.

Santiago 2:13 DHH


Quiero concluir con lo siguiente. Si Dios por su palabra nos muestra compasión y un amor totalmente imparcial, y nos ama con amor eterno, significa que debemos tratar de amar a los demás de la misma manera. Vemos en la palabra de Dios a Jesús que todo lo que hagamos por el más pequeño de Sus hermanos, lo hacemos por Él.


“En verdad les digo que en cuanto lo hicieron a uno de estos hermanos Míos, aun a los más pequeños, a Mí lo hicieron”.

Mateo 25:40 NBLA


Si tratamos a las personas con desprecio y discriminación estamos maltratando a una persona creada a la imagen de Dios; más allá de su pecado o condición, nuestro llamado es a llevar el evangelio, no a discriminar, nuestra labor es que Jesús sea reflejado en nuestras acciones, siempre hablando la verdad de su palabra. Y no es un llamado a aceptar el pecado de otros, todo lo contrario, como cristianos debemos levantar la bandera de la verdad de Dios, pero cuando tú y yo discriminamos estamos lastimando a alguien a quien Dios ama y por quien Jesús murió.


El llamado de este artículo es que mostremos a Cristo en nuestras acciones, a que seamos luz y sal de la tierra, llevando un evangelio práctico, a que amemos la verdad de Dios, y amemos con el amor que Dios nos ha amado. Si Dios de ti y de mi tuvo misericordia ¿Quiénes somos nosotros para no tener misericordia de quienes nos rodean?



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