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Las Ordenanzas de La Iglesia

Por Jiump Comunicaciones "Cimientos"

En el marco del desarrollo de la vida de la iglesia y sus miembros, Dios ha determinado en su Palabra una serie de medios y ejercicios para el fortalecimiento y crecimiento de la fe de los cristianos, los cuales son comúnmente denominados “medios de gracia”. En ese contexto, Jesucristo dio a sus discípulos dos ordenanzas o sacramentos, las que meditaremos en este artículo, estas son: El Bautismo (Mateo 3:13-17) y la celebración de la Santa Cena (Lucas 22:19-20)

El término ordenanza

Para comenzar, debemos comprender que es una ordenanza o sacramento (para efectos de este artículo, asumiremos el mismo significado para ambas palabras) San Agustín la definía como “la señal visible de una cosa sagrada, una forma visible de una gracia invisible.”, bien parecido lo define Calvino, aludiendo a que son “un testimonio de la gracia de Dios para con nosotros, confirmado con una señal externa y con el testimonio por nuestra parte de la reverencia que le profesamos.” Todos estos autores, entre otros, aluden a que estos medios de gracia son una evidencia visible que los creyentes testifican de la obra que Cristo ha hecho en sus vidas. Por lo cual, debemos dejar en claro desde ya que estos medios no tienen participación alguna en la obra salvífica de Cristo, más bien, son una confirmación externa de ella.


El Bautismo

La primera ordenanza que Jesús dio a sus discípulos fue el bautismo en agua, existe otro bautismo “en Espíritu” (Mateo 3:11), este bautismo es obra entera de Dios, quien nos bautiza en Cristo por medio su Espíritu Santo, este acto ocurre únicamente en el momento de la conversión del creyente cuando es unido a Cristo y colocado en su cuerpo (la iglesia) Por el momento, abordaremos la ordenanza del bautismo en agua, ya que es un llamado al creyente, que implica una acción por nuestra parte.
El bautismo es un “símbolo” de la salvación que Cristo ha hecho en nuestras vidas. En el Nuevo Testamento, encontramos diversos llamados hacia los creyentes a ser bautizados en agua como testimonio público de su fe en Cristo y su unión con él, por lo cual, como mencionamos anteriormente, es una “demostración externa posterior a la conversión de una realidad interna que ya ha sucedido en la conversión”

Si bien el bautismo no salva, es una “ordenanza” de Cristo (Mateo 28:19), como un primer paso en la obediencia a él. Quien rechaza el dar este testimonio público está en desobediencia, y, por tanto, pone en tela de juicio su fe.


Responsabilidades del bautismo.

Es importante señalar que, al ser bautizado, yo estoy aceptando ser parte de la “familia de Dios”, lo cual como toda familia tiene beneficios y demanda responsabilidades. El bautismo es un acto de unión con Cristo, por lo cual demanda mi fidelidad y obediencia a él. En un sentido espiritual, en el bautismo somos muertos al pecado y resucitados para Cristo mediante la fe, por lo que nuestra vida se la debemos a él. Por otro lado, en la esfera terrenal, somos unidos al cuerpo de Cristo, la iglesia, y, por ende, tenemos responsabilidades con los miembros de nuestra congregación. Un creyente debe ver a Cristo en sus hermanos, y, por ende, servirles con amor, buscando el crecimiento espiritual como un solo cuerpo.


Celebración de Santa Cena, o la “Mesa del Señor”

La segunda ordenanza que Cristo dejó como instrucción a sus discípulos, fue la celebración de la Santa Cena. A diferencia del bautismo, que se debe realizar solo una vez posterior a la conversión, la Santa Cena debe realizarse una y otra vez durante la vida cristiana.


La Pascua

La noche anterior a su arresto, Jesús celebró su última cena de Pascua con todos sus discípulos, y le dio una importancia superior. Según Éxodo 12, la Pascua conmemoraba la liberación de Israel de la esclavitud egipcia, mientras que la Santa Cena apunta a la liberación eterna del pecado para el pueblo de Dios provista por Cristo. Los ritos religiosos de Israel en esa fecha eran meramente una “antesala” del sacrificio del Cordero de Dios, quien murió en la cruz para nuestra remisión eterna.


Santa Cena y la santidad del creyente

Si bien, los creyentes estamos llamados a buscar la santidad en todo tiempo, la celebración de Santa Cena es un acto particular en la vida de la iglesia y la comunión de los hermanos, por ende, quienes celebran Santa Cena deben tener como antecedente un cuidadoso examen de su corazón, confesando al Señor sus pecados y buscando su rostro con devoción. Puesto que nuestro Señor dio un valor sublime a esta celebración, no debemos tomar con ligereza la Cena del Señor, quienes así lo hacen, profanan esta ordenanza.


En memoria de mí

Cuando Jesús pronunció esta frase nos dejó claramente establecido que debemos realizarla con frecuencia y dedicación. Para la iglesia y sus miembros, la Santa Cena no es opcional, es una instrucción. Al celebrar Santa Cena estamos continuamente recordando y reflexionando sobre el sacrificio del Cordero Santo de Dios por todos nosotros, es un acto de íntima comunión entre los creyentes y su Señor. El pan y la copa, como símbolos de su cuerpo y sangre, nos recuerdan el sacrificio que Jesús hizo por nuestros pecados ¡Gloria a Dios por su sacrificio!
Santa Cena es una celebración conmemorativa que fortalece la fe de los creyentes en su caminar con Cristo, dado que conmemora el sacrificio perfecto de Cristo en la cruz, recuerda al creyente el Evangelio de la gracia de Dios, llama a todo el pueblo a la santidad en Cristo, trae gozo y esperanza al creyente en su unión espiritual con él y lo motiva a seguir creciendo en gracia y obediencia al Señor.
Tanto el Bautismo como la Santa Cena son medios que Dios ha establecido para todo su pueblo, para nuestro crecimiento espiritual. Como lo hemos mencionado, son evidencias externas de la obra que ya Cristo por el Espíritu ha hecho en nuestras vidas. Ambas son de provecho para la vida del creyente, fortalecen su fe y le animan en su caminar con Cristo.
Deseamos que este artículo sea de bendición para quién pueda reflexionar en él. A nuestro Dios sea la gloria y la honra siempre.