Artículo

Tres requerimientos bíblicos necesarios que Aplicar a nuestra vida cristiana:

Estudiar, Exponer y Obedecer la Escritura

Por Jiump Comunicaciones "Cimientos"

1. La necesidad de estudiar la Biblia

Las Escrituras nos han llegado durante un período que abarca varios milenios como producto de la experiencia de personas cuya cultura desconocemos. Está escrita en idiomas que no son los nuestros. Por lo que, para entender e interpretar correctamente la Biblia se requiere la severa disciplina de superar estas barreras culturales y lingüísticas que nos separan del mundo y la época de ella.

Es obvio que el Espíritu Santo es un guía indispensable, y debemos cuidarnos de la sugerencia de que el cristiano poco instruido no puede captar con ayuda del Espíritu el mensaje de la Biblia o usarla para su profundo provecho espiritual. Negar esto es desconocer las claras evidencias de la historia; también se acerca peligrosamente a repetir el error de la Iglesia Católica antes de la Reforma, de interponer un intermediario entre Dios y el alma individual (en el caso de la Edad Media, la enseñanza de la Iglesia; en la actualidad, los eruditos bíblicos). Tampoco negamos que Dios puede dar aplicaciones prácticas inmediatas de su palabra, en situaciones específicas, por medio de su Espíritu, aunque es evidente que esa no es la norma y ni siquiera comienza a agotar lo que significa “vivir conforme a las Escrituras”.[1]

Mucha de la verdad de la Biblia se revela solamente después de un estudio arduo y exigente. Constantemente se están descubriendo aspectos nuevos y significativos de las culturas en que se escribió la Biblia, que arrojan luz incluso sobre pasajes bien conocidos. Por ello, la vocación del estudio bíblico y teológico es tremendamente importante; sin embargo, aunque comparativamente, ese llamado especial es para unos pocos, todos los cristianos estamos llamados a usar nuestras mentes al máximo y estudiar la Biblia con toda la capacidad y oportunidades que tengamos. Es decir, el estudio arduo de la Palabra de Dios es absolutamente indispensable.

2. La necesidad de predicar y exponer la Biblia

El medio supremo que Dios ha instituido en la Iglesia para revelar y diseminar su verdad entre su pueblo es la predicación. Todo lo que hemos tratado en este artículo sirve para destacar cuán vital es que la predicación sea bíblica en su llamado y su carácter.

Por supuesto, esto no significa simplemente ensartar unos cuantos pasajes bíblicos aislados. En el contexto de una congregación cristiana reunida para la adoración, la predicación debe procurar exponer la Biblia en profundidad y luego aplicarla en forma inteligente y directa a la vida y situación de los oyentes. Todo lo que se ha dicho acerca de la necesidad de estudiar arduamente la Biblia, es particularmente aplicable a la preparación para este tipo de predicación.

Si nosotros mismos no estamos llamados a ser predicadores, podemos cumplir un papel muy importante y significativo por medio de nuestras oraciones y nuestro estímulo a la predicación bíblica. Pues, nada está más calculado para traer renovación a la vida, vigor y fe a la Iglesia en cualquier generación, que el libre curso de la Palabra eterna de Dios en medio de su pueblo por el ministerio de predicadores y expositores ungidos y capacitados por su Espíritu Santo.[2]

3. La necesidad de obedecer la Biblia

Si Dios nos ha revelado su persona y sus propósitos en Jesucristo como lo conocemos por medio de las Escrituras, es evidente que tenemos la obligación total de someter nuestras vidas a la enseñanza de la Biblia. Es una tentación particular de la etapa de estudiante imaginar que la verdad es sólo para la mente; para las Escrituras, “conocer la verdad” implica vivirla en nuestras situaciones particulares. En el Antiguo Testamento la verdad es principalmente una cualidad moral que supone las características de seriedad o fidelidad en acción (Salmo 51:6). Esta idea se expresa también en la preocupación de Juan por “hacer la verdad” (Jn. 3:21; 1 Jn. 1:6).[3] Por lo tanto, esta sección final está ligada esencialmente a la exposición de la doctrina cristiana de la autoridad que estudiamos al inicio de este mes, porque la verdad cristiana en el sentido más profundo existe únicamente donde haya una mente que se disponga tanto a entenderla como a “obedecerla”. Si nuestra pasión por la verdad no implica una pasión por la obediencia a la verdad, no estamos tomándola en serio.

En definitiva, la doctrina de la autoridad es predominantemente práctica, ya que nos confronta con un desafío específico: que es obedecer todo lo que enseña la Biblia, en todo momento.

Por lo tanto, es saludable y de mucha bendición que ya al terminar este artículo y también concluir este mes, donde hemos estado celebrando el libro de Dios al reflexionar en sus atributos, carácter y propósito, nos concentremos en dedicar nuestra vida cristiana a valorar, admirar, honrar y amar la Palabra de Dios como realmente ella se merece, considerando lo siguiente:

La Biblia, es el libro que contiene el mensaje de Dios para la humanidad. El cual trata de Dios y la condición humana. Desde sus primeras páginas enseña que hay un Dios creador, que requiere obediencia, fidelidad y responsabilidad. Relata que el fracaso de la humanidad nace en su desobediencia a Dios, al escoger su propio camino y voluntad.

La Biblia también nos habla de la acción y la revelación de Dios, de su amor y su poder salvador manifestado en medio de la historia humana. La Biblia es Palabra de Dios, pues a través de ella Dios habla a su pueblo, y le da a conocer su voluntad y sus formas de actuar en el mundo. El cristiano ve en la persona y la obra redentora de Jesucristo la mayor manifestación de Dios para la humanidad.

Para los cristianos la Biblia se compone de dos grandes secciones: el Antiguo Testamento, el cual contiene la historia de las manifestaciones de Dios con el pueblo de Israel varios siglos antes de la venida de Jesús; y el Nuevo Testamento que trata de la vida, la actividad pública, la muerte y resurrección de Cristo, además de la formación de la iglesia cristiana durante el primer siglo de nuestra era. Según el punto de vista cristiano, los dos Testamentos forman una unidad y presentan una sola historia. El Nuevo Testamento continúa la historia de la salvación que comenzó en el Antiguo. Ambos Testamentos se complementan por sus antecedentes históricos y su trasfondo religioso y doctrinal.[4]

La Biblia es además una joya de la literatura universal. Contiene narraciones históricas, leyes, profecías, dichos sabios, oráculos, instrucción moral, parábolas, cartas, en fin, una gran variedad de estilos literarios. A través de esta variedad de estilos y formas, la inspiración de Dios llegó a los autores y redactores del mensaje bíblico. Ese mensaje inspirado hace de la Biblia, el libro por excelencia. El lector que se acerca a ella con fe, recibe inspiración, confianza, orientación y fortaleza en la vida y los que han experimentado el poder transformador de su mensaje se refieren a la Biblia como la Palabra de Dios. Por lo que es correcto afirmar, que es pertinente y coherente la profunda adoración y obediencia de nosotros los cristianos hacia la Palabra de Dios, por lo que ella es en esencia y por lo que significa para nuestras vidas, ya que en ella se da a conocer Dios mismo, a quién debemos alabanza y honor por siempre.

[1] B. Milne, Conocerán la verdad; un manual para la fe cristiana. (Ediciones Puma, 2008).

[2] B. Milne, Conocerán la verdad; un manual para la fe cristiana. (Ediciones Puma, 2008).

[3] J. I. Packer, La voz del Dios Santo. (Editorial Vida, 2008).

[4] J. I. Packer, La voz del Dios Santo. (Editorial Vida, 2008).