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¡La Biblia es Confiable!

Una manera de expresar la convicción de que en la Biblia es Dios mismo quién dice sus palabras directamente a nosotros, es llamarla “Palabra de Dios”. Este es un concepto bíblico que aparece en el Antiguo Testamento en la idea de la palabra creativa de Dios (Gn 1:11); (Salmos 33:6), la “sabiduría de Dios personalizada (Pr 8), el vehículo de la actividad de Dios (Is. 55:11). Jesús la usa en relación con el Antiguo Testamento (Mr. 7:13; Jn. 10:35), y los apóstoles también (por ej., Hch. 11:1; 13:46). También se usa en relación con Jesús mismo (Jn. 1:1,14; 1 Jn. 1:1; Ap. 19:13).

En la cultura clásica, el término griego logos, que se traduce como palabra, significaba el principio racional de la coherencia en el universo. Fundamentalmente, logos transmite la idea del acto en que Dios se da a conocer.

Para muchos cristianos, la razón principal para darle a la Biblia el rango de Palabra de Dios escrita es sencillamente el hecho de que Dios mismo se dirige a nosotros por medio de ella. Él habla en las palabras de la Biblia de tal manera que disipa toda duda acerca de su origen, carácter y autoridad divinos. En fin de cuentas, sólo Dios puede ser un testigo adecuado de sí mismo. Todo otro testimonio, como la evidencia histórica o la deducción filosófica, puede tener, en el mejor de los casos, sólo valor secundario.

En cada generación, multitudes de cristianos han testificado que al leer la Biblia y escuchar su exposición, se ven impulsados a reconocer su inherente autoridad. Esto fue planteado por Agustín cuando puso en boca de Dios las palabras: “En verdad… hombre, lo que dice mi escritura, lo digo yo”. Calvino vio esto como la obra de Dios el Espíritu Santo dando testimonio divino de las escrituras; lo llamó “el testimonio interior del Espíritu Santo”, que es “más fuerte que toda demostración”.

Los cristianos que reconocen la realidad de este “testimonio interior” pueden, como último recurso, sencillamente dar testimonio de que es así. La Biblia viene a ellos con la autoridad y la convicción de la palabra de Dios que los examina en las profundidades; allí encuentran una majestad, un llamado definitivo e incondicional que sólo pueden describir como la voz y la palabra de Dios, su Creador y Redentor.

Por lo tanto, reconocemos la autoridad de la Biblia como la Palabra de Dios escrita porque es realmente y verdaderamente así. El impulso o cada palabra pronunciada de la Biblia viene desde más allá de nosotros mismos: pues ciertamente Dios es Dios al hablarnos y comunicarse con nosotros con perfecta autoridad.

Cuestión que nos permite ahora, profundizar en algunos aspectos que caracterizan y hacen de la Biblia el libro supremo, eterno, seguro, confiable, estable y consistente de Dios. Estos aspectos son los siguientes:

· Inspiración
· Infalibilidad
· Inerrancia

Inspiración

La “inspiración” se refiere a la forma en que la autorrevelación de Dios ha llegado a ser expresada en las palabras de la Biblia. Es una actividad del Espíritu de Dios por medio de la cual supervisó a los autores humanos de las escrituras para que sus escritos se convirtieran en una exposición normativa en lenguaje humano de la palabra de Dios para la humanidad. Llamar inspirada a la Biblia es sencillamente una manera de decir que es la autorrevelación autoritativa de Dios. En realidad, su inspiración divina produce esa misma autoridad que el Espíritu confirma.

Todo verdadero cristiano acepta la inspiración de la Biblia en algún sentido. Las discrepancias se centran en como ocurrió esa inspiración y en las consecuencias de ello para la autoridad y la confiabilidad de las palabras concretas de las escrituras como las conocemos ahora. La misma Biblia nos muestra con claridad cómo es que ocurre la inspiración de ella.

En 2 Timoteo 3:16 se presenta la idea de la inspiración. Toda la escritura es inspirada por Dios; en forma más literal, toda la escritura es dada por el aliento de Dios o exhalada por Dios. Siendo el “aliento” una metáfora familiar y gráfica del Antiguo Testamento para la acción de Dios, particularmente por medio de su Espíritu (Gn. 2:7); Job. 33:4; Salmo 33:6). Por tanto, la formación de las escrituras se adjudica totalmente a la actividad de Dios. Nótese también el alcance de la inspiración. Pues “Toda” la escritura es el producto de la “exhalación” de Dios.

2 Pedro 1:19-21. confirma y extiende estas afirmaciones. El testimonio de testigos oculares ratifica la palabra de los profetas, una referencia al Antiguo Testamento en general. No surgió de las reflexiones privadas de los autores, sino que los santos hombres de Dios (profetas) hablaron de parte de Dios, impulsados por el Espíritu Santo (v. 21).

Infalibilidad

Aplicada a las Escrituras, esta palabra implica la cualidad de no llevar a conclusiones erróneas. Esta afirmación significa que todas las aseveraciones de la Biblia son verdaderas y dignas de toda confianza, lo cual establece un contraste con las palabras y declaraciones humanas “falibles”. Afirma que las Escrituras no llevan a conclusiones erróneas porque son el testimonio de Dios mismo. El término “infalibilidad” aplicado a las Escrituras tiene que ser bien definido con referencia al fenómeno real de los escritos bíblicos.

La infalibilidad de las Escrituras se refiere a su mensaje considerado como un todo. Esto no significa que ciertos pasajes o versículos no sean infalibles, sino que cada afirmación y sección particular es infalible dentro del contexto total de las Escrituras. Si, por ejemplo, citamos en forma aislada la pregunta de Santiago ¿Acaso podrá salvarlo esa fe? (Stg. 2:14), con su respuesta implícita “no”, dejaremos de ver la verdad infalible de Dios en la carta de Santiago. Eso se logra solamente cuando se lee dentro del marco total de la carta junto con la enseñanza complementaria de otras partes de las Escrituras, particularmente las cartas de Pablo a los Romanos y los Gálatas.

Por lo tanto, la infalibilidad de las Escrituras está ligada a la intención que había en la mente del autor. La infalibilidad es en realidad la cualidad concomitante inevitable de la autoridad y la inspiración divinas que hemos expuesto anteriormente. Es sencillamente la infalible voz de Dios. Es entonces afirmar con Jesús que “la Escritura no puede ser quebrantada” y “Tu palabra es verdad” y apelar a su letra misma como lo hacía Él constantemente constituye en esencia lo que buscamos expresar con la palabra “infalible”.

Inerrancia

Esta palabra se usa frecuentemente asociada con la palabra “infalible”; y significa la ausencia de errores. Como la infalibilidad, la inerrancia es un corolario o consecuencia razonada y lógica de la inspiración divina. Si la Biblia ha sido supervisada hasta en sus mismas palabras por el Dios de verdad que las exhalo, podemos tener confianza de que estará libre de errores. En consecuencia, cuando la Biblia prescribe el contenido de nuestra fe (la doctrina) o el patrón de nuestra vida (la ética) o registra sucesos reales (la historia), dice la verdad. Aquí, debemos aclarar que el grado de exactitud que se afirma en cualquier caso particular está relacionado a lo que el texto intenta enseñar. Además de que está relacionado a la clase de literatura en la cual se expresa. Por lo tanto, por ejemplo, la verdad inerrable de la parábola de Jesús del hijo pródigo no nos impone la necesidad de afirmar que en algún momento haya existido una familia tal en alguna sociedad en particular. Por lo que concluyendo, es coherente afirmar que cuando un pasaje de la Biblia se interpreta de acuerdo con la intención del autor y en armonía con otros pasajes bíblicos, su verdad inerrable se percibe claramente.

Es entonces, muy importante que ya al ir terminando con el desarrollo de este artículo, logremos reflexionar en lo significativo y maravilloso que es el trabajo de nuestro Dios al querer y decidir comunicar sus palabras de forma tan amorosa, sana, verdadera, transparente y exacta, a cada uno de nosotros. Pues a Dios le agradó hacerlo así y su esencia y carácter lo condujo a ello.

Entendiendo lo anterior, es entonces muy necesario afirmar que el amor de Dios por nosotros demostrado al hablarnos, como bien sabemos con el objetivo bíblico de la Redención de nuestras almas, es una realidad que nos debería impulsar a nosotros los cristianos a reconocer, honrar y amar a Dios, obedeciendo lo que Él nos ha comunicado a través de su palabra Autoritativa, Inspirada, Infalible e Inerrante.